Revista mensual de publicación en Internet
EDITORIAL DE FILOMÚSICA


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Este nuevo número 88 de Filomúsica aglutina varios números atrasados que se corresponden con varios meses: desde marzo a mayo de 2008. Durante este tiempo, todos los colaboradores de esta revista gratuita han seguido enviando puntualmente sus artículos, además de incorporarse otros nuevos. La única causa del retraso de la publicación, o mejor dicho, el único causante, soy yo mismo, es decir, el editor. Por eso les pido mis más sinceras disculpas a todos aquellos que siguen esta revista desde todas partes del mundo y que han enviado numerosos emails a la redacción preguntándose por la continuidad de la revista.

Como saben, Filomúsica es la revista electrónica gratuita de mayor antigüedad dedicada a la música clásica. Recogida en numerosas bases de datos internacionales y en la mayoría de universidades españolas y en muchas extranjeras, nuestros lectores se cuentan por millones a lo largo del año, gracias a su gratuidad y a ser difundida por Internet. Es probablemente la revista más leída y conocida sobre música clásica en nuestro país. Y como supongo también saben, todo el trabajo de gestión, organización, de maquetación y revisión, está centralizado en mi figura de manera exclusiva. En consecuencia, cuando fallo yo, falla la fecha de publicación de la revista.

Las razones de mi retraso han sido tan sencillas, o tan complicadas, como mi propia vida. Muchas cosas han cambiado en los últimos tiempos. Nunca he pretendido utilizar este medio para hacer propaganda de mi vida profesional o personal, ni quiero hacerlo ahora más que para aportar alguna justificación al retraso de Filomúsica. Lo cierto es que atrás ha quedado una parte de mi vida en la que fui feliz por muchas razones, y también lo pasé mal, como todo el mundo en determinados momentos. Falleció mi maestro Román Alís, quien me enseñó mucho de lo que sé. Aún me queda en el mundo, y Dios quiera que sea por muchos años, mi maestro Leonardo Balada, el que algún día será reconocido como el compositor español más internacional que hemos tenido nunca, y la persona más inteligente que he conocido. Atrás quedaron recuerdos, vivencias, relaciones, enfermedades, alegrías y aventuras. Ahora estoy en una nueva etapa, donde por fin he encontrado un objetivo claro a mi propia existencia, y muchos de mis sueños se están cumpliendo. Hay que tener cuidado al desear algo porque corremos el peligro de que se cumpla. Por culpa de ese objetivo y de esos sueños, otras cosas tan importantes como lo es para mí Filomúsica, a veces se quedan en el camino. Principalmente, porque el día sólo tiene 24 horas. Cada día que pasa se me acumulan más encargos, conferencias, viajes ineludibles, y nuevos proyectos musicales. Todo ello como un extra de mi trabajo habitual en la universidad (clases e investigación), donde nos encontramos diseñando los nuevos planes de estudio para la convergencia con Europa. Y además, mi vida personal donde aún quedan muchos sueños y retos por cumplir, y muchas decisiones por tomar, que sin duda condicionarán el resto de mi existencia. No obstante, por fin me siento feliz de haberme asentado en la ciudad del paraíso, que es Málaga, la ciudad que amaré para siempre. Con tanto sol, no es el lugar ideal para componer, sólo apetece salir a la calle y disfrutar paseando por la calle Larios y la calle Granada, observar los aspectos de la ciudad a diferentes horas, y sus habitantes. Pasear por la playa. Sentir la brisa salada en las mejillas. Es muy fácil rendirse a los encantos de Andalucía. O quizás es que yo soy demasiado malagueño. Es cierto también que aquí me encuentro en un extremo del mundo donde apenas hay vida cultural más allá de la interesante fuente de la tradición popular; pero es que yo podría componer hasta en Pequín. Y más importante aún que componer, podría disfrutar de la música en cualquier sitio. A veces los que nos dedicamos a esto profesionalmente, nos olvidamos del poder mágico que tiene la música, de cómo puede influir sobre nosotros, conducirnos a ser más conscientes de la realidad, a reflexionar, curar nuestras heridas del alma y perfeccionarnos como personas, al estilo de la filosofía platónica. En conclusión, el poder de hacernos seres transcendentes en la inmensidad de un universo desolador y a la vez lleno de retos y misterios.

En la medida de lo posible, intentaré ser puntual con futuras ediciones de Filomúsica. Un proyecto como éste no va a desaparecer nunca mientras yo pueda mantenerlo. Aprovecho esta editorial para reafirmar la permanencia y la continuidad de la revista, a pesar de su editor. Y más importante aún, para recordar el poder de la música para comunicarnos con el universo y con Dios mismo, como diría Giacinto Scelsi.

Fdo. El editor/Director.