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Número 11º - Diciembre 2000


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INTELIGENCIA ARTIFICIAL, MÚSICA Y LOGSE.

Por Daniel Mateos MorenoLee su Curriculum.
Aunque poseemos infinidad de adelantos en todos los campos del conocimiento, es ahora cuando se está investigando de manera útil en educación; y esta situación es bastante nueva, ya que antes, hace no muchos años, ni se planteaba la diferencia entre enseñar y formar. La música no es ninguna excepción: estamos avanzando poco a poco, tanto en la manera de comprenderla (a ella y a todas las artes), como en la manera de transmitirla. Lo que estamos consiguiendo realmente es conocernos mejor a nosotros mismos.

Al amparo de estos avances, surgen nuevas teorías sobre la didáctica y la manera de educar. Estas teorías son verdaderamente interesantes cuando se dejan de utopías imposibles y basan su desarrollo en una práctica racional.

Consideramos, pues, que cualquier teoría cognitiva para la educación debe tener, además de una aplicación práctica comprensible, una base teórica sustentada en una demostración psico-científica (o biológica). Sin embargo, no nos estamos refiriendo en absoluto a teorías conductistas, cosa que pensaría algún psicólogo "malpensado" al leer estas líneas.

Introduciéndonos ya en la teoría que aquí presentamos, nadie se cuestiona que aprender a hablar es un proceso que no exige esfuerzo consciente, sino que el niño lo hace de manera natural y por imitación de su ambiente.

¿Por qué, en ocasiones, incluso para los propios profesores de música, se considera que aprender música es algo complejo? ¿Acaso recordamos si nos costó mucho esfuerzo aprender a hablar?

Ante todo, como premisa, hay que subrayar que las cosas no son simples ni complejas en sí mismas; somos nosotros mismos quienes las "complicamos" al analizarlas.

En la actualidad existen varias teorías cognitivas sobre el proceso de la construcción del aprendizaje del lenguaje y de la música. No debe sorprendernos que lenguaje y música se asocien: la música es un lenguaje (aunque suene a tópico). Por tanto, la música puede (y debería) ser aprendida de la misma manera que el lenguaje, siguiendo un paralelismo absoluto. Aquí es donde radica el centro y máximo objetivo de esta teoría eminentemente práctica, y que tiene una explicación científica-psicológica-biológica, que trataremos de explicar a continuación.

El cerebro de un infante tiene la curiosa facilidad de producir células neuronales, aparentemente, con mucha más velocidad que en ninguna otra época de nuestra vida posterior. Lo que no se sabe muy bien es cómo se realiza ese proceso físico de conexionado neuronal. La teoría que a nuestra vista parece más lógica es que las redes neuronales se configuran en función de los resultados obtenidos al interactuar nuestros pensamientos con el medio que nos rodea. Por tanto, en estas primeras etapas donde la mente es tan "flexible", resulta muy fácil aprender el lenguaje, y por supuesto, también la música. Buena prueba de ello es que, salvo honrosas excepciones, las personas adultas encuentran muchísimas más dificultades que los jóvenes para aprender música o idiomas.

La tecnología de sistemas expertos a través de redes neuronales se basa, precisamente, en este proceso: al sistema se le obliga a resolver un problema sin una base de datos específica para el tratamiento de ese problema, al mismo tiempo que se le da la solución a dicho problema. De esa manera estamos "entrenando" al sistema experto. Evidentemente, hablamos de Inteligencia Artificial.

Igual ocurre en nuestro cerebro, tan solo que durante la infancia el tejido neuronal se está desarrollando y, por esa razón, los conexionados neuronales y las redes electrónicas se refuerzan de una manera muchísimo más plástica y voluble que en cualquier otra etapa de nuestra vida.

Tras haber sustentado nuestra teoría, explicaremos algunas particularidades prácticas.

Muchos padres y profesores se preguntarán... ¿y cómo voy a enseñar a tocar el piano a mi niño desde pequeño? Esta pregunta peca de ingenua y a la vez nos lleva al tremendo error típico de la enseñanza musical en España: evidentemente, la técnica instrumental real no puede ser introducida a estas edades iniciales, y tampoco a edades no tan iniciales (6 ó 7 años).

En estas edades hay que enseñar música. He aquí el gran planteamiento práctico de esta teoría. Y al hablar de música, no estamos hablando de violín, ni de piano, ni de flauta, ni de solfeo... ¡estamos hablando de música! ¿De qué forma?

Desde un principio podemos fomentar su pasión por la música acercándolo a la música popular, a canciones infantiles (como las nanas, canciones de corros, etc.). Poco a poco, gracias a este acercamiento, podremos ir introduciendo al niño en cuestiones más técnicas.

Posteriormente, bajo mi punto de vista, lo primero y más importante es la asociación de sonido con nombre de nota. Esto se puede practicar con simples juegos donde el niño adivine el sonido que tocamos en el piano sin mirar las teclas.

Este punto es más que fundamental, pues nos demostrará la tremenda falsedad de aquella creencia en el oído absoluto como un don divino (para aquellos que no lo sepan, se suponía que quien poseía oído absoluto era capaz de distinguir la altura de cualquier sonido inmediatamente al escucharlo).

Conseguiremos con este pequeño paso uno de los mayores acercamientos del niño a la música, y facilitaremos su desarrollo musical posterior: porque, sabiendo interpretar qué nota suena en cada momento, nuestra mente "entiende" y estructura la música de una forma más rápida y coherente que la de aquellos guiados únicamente por distancias interválicas.

Normalmente los métodos de iniciación a la música para niños, en vez de hacer hincapié en este aspecto, tratan al ritmo como aspecto fundamental, dado su carácter "primario" (o primitivo), lo cual le hace fácilmente entendible. Sin embargo, nosotros opinamos, sin restarle importancia, que el ritmo es algo muchísimo más intrínseco a nuestro ser que la propia comprensión de la música como lenguaje. Aún así, trabajar con el niño ejercicios rítmicos sigue siendo algo primordial.

Esto de lo que hemos hablado es, apenas, una pequeña muestra de la infinidad de posibles juegos que podemos llevar a cabo con el niño para educarlo en música. Lo que no debemos hacer es someter al pobre infante a largas audiciones de música culta que él no entiende, pues con eso sólo conseguiremos que se aburra mucho e incluso tome animadversión a la música. Precisamente, esto es lo que se hace, infinidad de veces, en las escuelas (que no conservatorios) donde se educa musicalmente a niños que apenas tienen conocimientos de solfeo: supone una solución muy fácil, a la vez que deja al profesor de "descansar" un ratito.

Hablemos de nuestra realidad actual en España: la LOGSE.

He escuchado una infinidad de veces comentarios de profesores y padres de alumnos de conservatorio contándome su desacuerdo en cuanto al bajo nivel que tienen los alumnos de LOGSE en comparación a los del plan anterior. ¿Por qué?

La primera razón evidente es la falta de preparación del profesorado para cumplir los supuestos LOGSE, lo cual no implica un desconocimiento de esta ley; lejos de eso, la mayoría de los profesores conocen más o menos de qué va la LOGSE, el problema es que a ellos (nosotros) nos enseñaron de otra manera, y les (nos) resulta tremendamente difícil cambiar los esquemas que llevaron a cabo con nosotros. En realidad, se trata de dotar al profesorado de una buena preparación psico-pedagógica práctica que redunde en la didáctica de la música.

El problema no sólo radica en los profesores, sino también en los alumnos: la LOGSE supone un ambiente familiar enriquecido musicalmente, donde apoyen al niño y lo impulsen al estudio de la música como parte de su desarrollo personal e integral; después, en la realidad más cruda, te encuentras con alumnos que estudian poco o nada, con padres despreocupados totalmente por su formación musical, creyendo que llevar al niño al conservatorio es como llevarle a nadar o al kárate.

Por tanto, para que fructificara la LOGSE harán falta los medios económicos necesarios para:

a) Una formación permanente del profesorado en los aspectos anteriormente mencionados.

b) Creación escuelas de padres donde se les proporcione un acercamiento real a la música, lo cual redundará en un ambiente familiar idóneo, estimulando y enriqueciendo a sus hijos en su desarrollo musical.

c) Evitar la masificación del alumnado: una enseñanza más personalizada y con mayor dedicación (tiempo) por alumno.

c) Dotar a los centros del material y los recursos didácticos necesarios para llevar a cabo una enseñanza lúdica y con aplicación de las nuevas tecnologías. A la vez, dotar a los conservatorios de los espacios (aulas, salones rítmicos, etc.) imprescindibles para aplicar el desarrollo de las nuevas teorías psico-didácticas.

Con todo lo ya dicho se podría alcanzar, fácilmente, los objetivos de la LOGSE en música, acercando al niño desde un primer momento al hecho musical de una forma creativa y lúdica, tal y como propugna nuestra teoría, ya expuesta, de la inteligencia artificial.

Pero claro... ¿Y quién va a gastarse todo ese dinero en algo tan poco productivo como la música clásica?

¡Con razón la LOGSE está abocada al fracaso! Es una manera de educar para la que aún no estamos preparados; quizás sí, dentro de unos años.

PARA SABER MÁS:

ASENJO, R. y otros (2000): Fundamentos de los compuntadores. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga.

GOLEMAN, Daniel (1996): Inteligencia Emocional. Kairós. Barcelona.

MORRIS, Charles G. (1990): Psicología: Un nuevo enfoque. Prentice Hall, México.