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Número 24º - Enero 2.002


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LA CREATIVIDAD ASESINADA. MÚSICA Y PENSAMIENTO CREATIVO.

Por Daniel Mateos MorenoLee su Curriculum.


Es una característica esencial de la especie humana la desigualdad funcional de los dos hemisferios cerebrales. Se piensa que la preferencia manual determina el predominio cerebral. Las zonas cerebrales indispensables para el ejercicio del lenguaje están situadas en el hemisferio izquierdo, responsable de la movilidad del lado derecho del cuerpo. La música ayuda a que se desarrolle el hemisferio contrario. La participación de los dos hemisferios en las actividades psicoorgánicas es variable según los individuos. Está demostrado que, en personas que repentinamente han sufrido una lesión cerebral, suele ser más acelerado el proceso de re-aprendizaje en aquellas que sabían tocar con destreza un instrumento musical (MORRIS y Otros).

Siguiendo a A. Gervilla, Existen dos maneras diferentes de utilizar la mente. Ambas no se oponen, son complementarias:

PENSAMIENTO VERTICAL

1.- Es selectivo. Encadenamiento de ideas.

2.- Se mueve sólo si hay una dirección en que moverse.

3.- Se basa en la secuencia de las ideas.

4.- Cada paso tiene que ser correcto.

5.- Sigue los caminos más evidentes.

6.- Busca la mejor solución.

7.- Es analítico.

8.- Se exluye lo no relacionado con el tema.

9.- Las categorías son fijas.

10.- Es estabilizador.

PENSAMIENTO LATERAL

1.- Es creador (divergente).

2.- Se mueve para crear la dirección.

3.- Puede efectuar saltos, sin orden.

4.- No es necesaria la corrección. Se admiten y analizan los errores.

5.- Sigue los caminos menos evidentes.

6.- Busca una solución.

7.- Es provocativo.

8.- Se explora hasta lo más ajeno al tema.

9.- Categorías y clasificaciones variables.

10.- Es desintegrador. Descompone modelos.

El pensamiento vertical es lógico, y el pensamiento lateral creativo.

Es en la enseñanza-aprendizaje de la música, debido a la universalidad del lenguaje musical y a la necesidad del mismo, donde podremos trabajar de forma más prolífica dicha creatividad. Nuestros sistemas educativos en general han trabajado demasiado con el pensamiento vertical y han infrautilizado el pensamiento lateral, que implica el desarrollo de la creatividad.

Para los observadores externos al hecho musical, pudiera parecerles que la interpretación musical instrumental es un mero acto repetitivo, propio del pensamiento vertical, que consiste en estudiar y expresar literalmente lo que otro ya creó, añadiendo pequeños matices dinámico-rítmicos. Desde este punto de vista, la definición de creatividad como mayéutica o engendración parecería totalmente enfrentada a dicha repetición de lo ya compuesto musicalmente, dotándole únicamente el carácter de creativo al fenómeno compositivo. El intérprete sería un mero artesano (concepción griega).

Cualquier melómano con un mínimo de sentido común se dará cuenta de lo bárbaro de la conjetura anterior. Está claro que la interpretación contiene una carga subjetiva tan grande, con unos parámetros tan difícilmente controlables (distribución rítmica y dinámica, situación sentimental momentánea, cercanía al sonido, característica del instrumento, esa magia inexplicable...), que de por sí implica el desarrollo de un pensamiento creativo. Aún de un mismo artista, nunca pueden existir dos interpretaciones idénticas de la misma obra.

Pero si admitimos todo esto, cabe plantearse: ¿en los Conservatorios estimulamos dicha capacidad creativa? Los Conservatorios son quizás una de las instituciones de enseñanza donde más debiera potenciarse la creatividad. Aunque la creatividad está determinada por factores genéticos, también lo está y depende fundamentalmente de factores ambientales. Ahí entra la labor del profesor y de la familia.

Los Conservatorios persiguen por norma, con honrosas excepciones, un tecnicismo exacerbado que en la mayoría de los casos limita el tiempo para el desarrollo de la creatividad en la música. Cuando un alumno inventa en clase o improvisa una parte de una pieza, su actitud es condenada por parte del profesor (elimina "rigor científico" a la pieza musical, desobedece la partitura). Sin embargo, ese juego de variación consciente consigue desarrollar un conocimiento interno de la propia pieza muy superior. Gracias a ese juego, el alumno descubre las posibilidades armónicas de la música, las múltiples soluciones a un tema dado, aprende a abstraer las tonalidades y las formas. Pero no sólo la falta de comprensión por parte del profesor en la creación musical, sino la falta de inteligencia para entender la concepción que el alumno tiene de la pieza (quizás diferente a la del profesor, pero no por ello menos válida mientras sea correcta estilísticamente), coartan el desarrollo de la creatividad. Muchos profesores, que son buenos músicos pero sin embargo no saben distinguir entre lo objetivo y lo subjetivo en cuanto a una interpretación musical, asesinan la capacidad creativa que el alumno posee en potencia.

Y ya no únicamente en la interpretación musical, sino en otras facetas de la música, la creatividad se ve asesinada por los conservatorios. Cuando se estudia armonía, contrapunto o fuga, se aprenden unas normas básicas que cumplen dos finalidades: un mejor entendimiento del lenguaje de la música, y una preparación para desarrollar ese lenguaje (componer). Tristemente, en la mayoría de estas asignaturas, se olvidan totalmente estos objetivos teleológicos o fines últimos, y las reglas son utilizadas como inhibidoras del propio lenguaje personal, estableciendo más una limitación que una base para componer. Nadie le dice a los alumnos que la gran virtud del compositor consiste en conocer las reglas y saber cuándo y cómo saltárselas.

En resumen en los Conservatorios, generalmente, se ofrece una preparación teórica de la música que no obedece en absoluto a la preparación real que como artista creativo por antonomasia necesita poseer el músico.

Está claro que el Jazz presenta un campo muy amplio y abierto para la improvisación. A estas alturas, no es ninguna novedad reconocer que el Jazz como ejercicio de improvisación es quizás una de las técnicas actuales que más ayudan a estimular la creatividad y conocer profundamente la música. Sin embargo, no hay que considerar dichas improvisaciones momentáneas más allá de simples ejercicios para la posterior creación de música más abstracta y pensada, y probablemente con un contenido conceptualmente mucho más elevado, cuidado y desarrollado formalmente que estas piezas.

Como ejercicio inicial de creatividad compositiva, recomendaría en primer lugar conocer las tonalidades profundamente, es decir, saber de memoria y al instante cómo suenan los acordes de Tónica, Dominante y Subdominante de una tonalidad dada, y saber tocarlos en un instrumento polifónico con facilidad (como el piano, por excelencia). Éste debe ser un objetivo prioritario de la clase de armonía. A partir de ahí, aprenderíamos a pasar armónicamente de una tonalidad dada a otra diferente. Primeramente partiremos de tonalidades con pocas alteraciones hacia tonalidades vecinas, siguiendo las normas que se aprenden en la armonía, pero comprendiéndolas "de oído" y no pensándolas. Incluso desarrollando una memoria digital improvisatoria (saber cómo suena algo según la posición de los dedos). Posteriormente se realizará dicho ejercicio, pero con una melodía inventada que se sustente en la armonía que se va desarrollando, siempre al piano.

Lo anterior supone un inicio para aprender a componer, a la vez que un propósito de borrar esa idea de que las fuentes de inspiración son objetos ajenos, reservados para mentes superiores. Tan sólo se trata de saber utilizar de una forma inteligente las herramientas musicales que todos los músicos poseemos. Componer está al alcance de todos, y debe ser una necesidad para el músico, no sólo una opción.

Podemos ir aún mucho más allá. El simple hecho de escuchar una música y que ésta produzca en nosotros unos sentimientos es un hecho creativo tanto por parte del intérprete como por parte del espectador: el espectador, al escuchar decodifica de una manera única y personal un lenguaje tan universal como la música, gracias a lo cual, está potenciando su propia creatividad.

Finalizando, recuerdo que nuestra misión en el mundo es la de inventar o crear desde que nacemos (genéticamente estamos capacitados como mínimo para "procrear"), y que la potenciación consciente de dicha creatividad en nosotros mismos y en quienes nos rodean hará que avance no sólo el pensamiento humano-filosófico, sino la humanidad como especie, hacia una humanidad mucho más humana.