Revista mensual de publicación en Internet
Número 24º - Enero 2.002


Secciones: 
Portada
Archivo
Editorial
Quiénes somos
Entrevistas
Artículos
Crítica discos
Bandas sonoras
Conciertos
El lector opina
Web del mes
Midi del mes 
Tablón anuncios
Suscribir
Buscar
 

ROTA Y KORNGOLD,
LOS “RAROS” DEL MAESTRANZA

 

Sevilla, Teatro de la Maestranza. 12 de diciembre de 2001. Ópera en concierto. Con Marco Moncloa (barítono), Miguel López Galindo (bajo), José Zapata (Tenor), Carmen Teba (soprano), Ángel Rodríguez (tenor), Laura Alonso (soprano), Guillermo Orozco (tenor), Pedro Cuadrado (tenor). Miembros del coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza. Ricardo Marsano, piano y dirección musical. Nino Rota: La noche de un neurasténico. Erich Wolfgan Korngold: La serenata silenciosa (selección de arias).

Por Fernando López Vargas-Machuca. Lee su curriculum.

Iba a comenzar este artículo con un encendido elogio hacia la dirección del Teatro de la Maestranza por la excelencia de la programación lírica de la sala baja, de alta calidad en lo interpretativo y de enorme interés en lo que respecta a los programas. Sin embargo, la reciente publicación en la prensa local (a partir de fuente no oficial, todo hay que decirlo) del avance de la programación operística nos hace retomar lo que habíamos planteado en nuestro comentario del reciente Andrea Chénier, y dolernos porque se persevera en un lamentable conservadurismo en lo que a la sala grande respecta.

Veamos: Otello (con López Cobos, Gegam Grigorian y Carlos Álvarez), Walkyria (Janice Baird y Elisabete Matos, con Marc Soustrot a la batuta), Don Pasquale (dirección escénica de Jonathan Miller y protagonismo de Carlos Chausson) y Manon Lescaut (con José Luis Castro al frente y el reciente triunfador de Chénier, Fabio Armiliato). Nada que objetar a la calidad de los títulos ni a la categoría interpretativa, dignas de toda alabanza. El problema es que en sus once años de vida el Maestranza ya visto en escena nueve producciones verdianas, cuatro de Puccini, otras tantas de Donizetti  y tres de Wagner. Nada de Monteverdi, ni de Haendel, ni de Lully, ni de Rameau, ni de Gluck, ni de Beethoven (¡Fidelio se ambienta en Sevilla!), ni de Mussorgsky, ni de Tchaikovsky, ni de Berg, ni de Janácek, ni de Prokofiev, ni de Shostakovich, ni ... ¿hace falta seguir?

Los responsables del teatro están faltando a uno de sus principales deberes, el de formar al público. Ofrecer a trescientos espectadores en la sala de abajo óperas inhabituales (el año próximo, de Poulenc y Holst) sirve para satisfacer a los melómanos ya cultivados, pero no para que el grueso de los aficionados a la lírica de Sevilla demanden algo más que ópera decimonónica italiana y los otros cuatro o cinco títulos del repertorio tradicional.

Dejémoslo ahí de momento y volvamos a la estupenda función a la que asistimos el pasado doce de diciembre en la sala Manuel García. En ella pudimos escuchar páginas de dos importantes compositores clásicos que son conocidos fundamentalmente por su labor cinematográfica, Nino Rota y Erich Wolfgan Korngold. Del primero, su tan intrascendente como divertida ópera radiofónica La noche de un neurasténico (1960), muy ingeniosa y con ese peculiar sentido del ritmo y la melodía que caracterizan al autor, que bien pudiera ser calificado de Prokofiev italiano. Del segundo, una selección de su último trabajo escénico, La serenata silenciosa (1946-50), comedia musical en el estilo de la opereta vienesa, decadente y azucarada pero de innegable hermosura. Lástima que las notas al programa no nos dieran casi ninguna información sobre estas dos páginas, aparte de la sinopsis. Un descuido lamentable.

Fue sólida la labor directorial de Ricardo Marsano, quien supo diferenciar perfectamente los estilos y con maestría a los solistas, si bien el piano le sonó a veces bastante emborronado. Un aplauso para los cantantes, en gran medida reciclados de la amplia nómina de secundarios del Chénier. No todos llegaron bien a la segunda parte, pero el nivel medio fue muy alto; incluso fueron dignos los solistas que salían del Coro de la Asociación de Amigos del Teatro. A destacar el buen hacer de uno de los grandes secundarios de la ópera en España, Miguel López Galindo.

Pero hemos de elogiar sobre todo al excelente barítono -y notable actor- barcelonés Marco Moncloa. En Korngold tuvo algunos problemas, pero en Rota resultó extraordinario, como al encarnar a Lamparilla en el Barberillo de hace dos temporadas. Este joven está dando mucho que hablar, con toda la razón. Felicitaciones al Maestranza por haber contado con tan buenas voces jóvenes para este y otros espectáculos. Ojalá que tuviéramos que darle la enhorabuena también por un giro radical a los títulos de su programación. Por mi parte, voy a pedirle a los Reyes Magos La zorrita astuta y El Gran Macabro, aunque, como este año he sido malo, lo mismo me traen la reposición de Alahor en Granada. Me lo tengo merecido.