Revista mensual de publicación en Internet
Número 29º - Junio 2.002


Secciones: 
Portada
Archivo
Editorial
Quiénes somos
Entrevistas
Artículos
Crítica discos
Bandas sonoras
Conciertos
El lector opina
Web del mes
Midi del mes 
Tablón anuncios
Suscribir
Buscar
 

 

SUEÑOS Y PESADILLAS

Por Fernando López Vargas-Machuca. Lee su curriculum. 

 

Sevilla, Teatro de la Maestranza. XIIª Temporada de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. 6 de junio: Jean-Claude Pennetier, piano; Alain Lombard, director. Obras de Ravel. 13 de junio: Isabel Monar y Aurora Pérez Moruno, sopranos; María Esperanza Sánchez, narradora; Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza; Jesús López Cobos, director. Obras de Schnittke, Prokofiev y Mendelssohn.

Los dos últimos programas de abono de la temporada 2001/2002 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla han mostrado una gran inteligencia en la elección del repertorio. En el dirigido por el titular, Alain Lombard, se alternaban dos obras "líricas" de Ravel en la primera parte, Mi madre la oca y el Concierto en Sol, con otras tantas páginas "siniestras" del mismo, el Concierto para la mano izquierda y La valse. El de clausura, que corría bajo la dirección de Jesús López Cobos, presentaba temática veraniega: (K)Ein Sommernachtstraum del malogrado Schnittke, Un día de verano de Prokofiev, y finalmente El sueño de una noche de verano de Mendelssohn en su versión casi integra, con la a priori atractiva inclusión de narradora. El resultado artístico ha sido, a nuestro juicio, desigual: muchísimo mejor el maestro parisino que el de Toro.

Alain Lombard ofreció el que quizá ha sido el más logrado concierto, sin olvidar la notabilísima Séptima de Bruckner del pasado mayo, de cuantos ha ofrecido en su desigual trayectoria al frente de la ROSS. El suyo fue un Ravel ortodoxo, trazado con elegancia, claridad de líneas y sentido del color, que si bien se quedó algo corto en los aspectos más visionarios de las obras de la segunda parte, acertó en todo momento e hizo a la ROSS estar a la altura.

Al éxito no fue ajena la intervención del pianista Jean-Claude Pennetier, que logró momentos verdaderamente mágicos en el Adagio assai del Concierto en Sol. Lástima que el muy bien tocado Bolero, ofrecido como propina, resultara rapidísimo y careciese de sensualidad en el fraseo, porque a lo largo del programa oficial se demostró a las claras que el irregular Lombard es, cuando las circunstancias son propicias, un gran músico.

Otra cosa muy distinta puso de relieve el programa de la siguiente semana: que López Cobos dista de ser el grandísimo director que ciertos sectores mediáticos nos están intentando vender -hay quienes piensan que es capaz de arreglar los problemas del Real, de la ROSS y de lo que haga falta-; más bien resulta una batuta irregular, capaz -como Lombard- de lo magnífico, de lo correcto y de lo malo, algo que hemos tenido la oportunidad de contrastar repetidamente en los conciertos que le hemos escuchado al frente de esta y de otras orquestas.

La primera parte estuvo bien. Claro que las obras tampoco es que tuvieran mucha miga: (K)Ein Sommernachtstraum es la típica página tan simpática como intrascendente -y un tanto vulgar- de Schnittke, mientras que la de Prokofiev, un conjunto de agradables piezas infantiles para piano certeramente orquestadas, dista de ser de lo mejor de su autor. López Cobos tradujo con solvencia la primera y con gran sentido lírico la segunda.

Pero con Mendelssohn no acertó. No fue un problema de técnica, por descontado, pues obtuvo un sensacional rendimiento de la ROSS. El coro y las solistas vocales también mostraron un buen nivel. Fue una cuestión de concepto. El maestro zamorano abordó la magistral partitura desde la misma óptica que hace unos meses usó para el fallido Così fan tutte de Mozart en el Teatro Real: todo delicadeza, ligereza, ingravidez, blandura y pretendida ensoñación, lo que quiere decir ausencia de vitalidad, de sentido de los contrastes, de humor, de chispa y de aliento dramático. ¿Habrá escuchado este señor a Klemperer? Le convendría.

Por si fuera poco, la excelente locutora María Esperanza Sánchez, muy conocida en Sevilla, se mostró afectadísima como narradora ; como decía un amigo, fue una especie de Nuria Espert a la andaluza. En fin, una versión no ya carente de auténtica magia, sino profundamente aburrida y lindante con la mojigatería. Más que un sueño, una pesadilla. Esperemos que el Otello que López Cobos dirigirá en octubre en el Maestranza (con Carlos Álvarez) le coja más brioso y comprometido, porque si no, apaga y vámonos.

 

Próxima temporada: http://www.rossevilla.com/20022003.html