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Número 7º - Agosto 2000


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CRÍTICA A LOS CRÍTICOS

Por Daniel Mateos Moreno. 

   La mayoría de ustedes, cuando compran un CD y lo escuchan por primera vez, lo primero que hacen (mientras lo escuchan) es sacar el libreto que trae para leer los comentarios sobre los intérpretes y las piezas que se ejecutan. De esta forma, casi sin darnos cuenta, descubrimos a cientos de comentaristas y críticos musicales (la mayoría desconocidos, salvo honrosas excepciones), que escriben "letras y letras" sobre una música.

Al leer estos libretos informativos estamos condicionando de alguna manera nuestra opinión con respecto a lo que escuchamos, por muy objetivos que pretendamos ser, ya tenemos unos conocimientos previos. Casi podríamos decir que adquirimos influencias "subliminales" sobre lo que estamos escuchando: Según estudios psicológicos (MORRIS) sobre la publicidad que vemos en la televisión o leemos en una revista, ni un 90 % afecta lo más mínimo a nuestro sique, es decir, que automáticamente desconectamos nuestro cerebro de lo que estamos escuchando/leyendo. Pero reflexionando un poco nos daremos cuenta de la nimiedad de esta afirmación, puesto que si tenemos que comprar algo en el supermercado, evidentemente elegiremos una marca que nos sea conocida, que nos suene, mucho antes que otra cualquiera en igualdad de condiciones.

En uno de mis Cds predilectos, donde se recopilan las grabaciones de Rachmaninoff tocando a Rachmaninoff (prestigiosa grabación de la casa "VICTOR RCA"), encontraba este comentario sobre Rachmaninoff:

" (...) To modern concertgoers it seems a paradox: how could the composer of that opulent, surging, intensely expressive music be in any way self-denying when he interpreted it? (...) "
By
Stephen Johnson.

Imagínense que un aficionado sin conocimientos previos sobre Rachmaninoff se compra el CD, lo escucha (entre otras cosas, la grabación es antigua y no tiene ni la mitad de calidad sonora que las actuales), y lee el comentario... no me negarán que con total seguridad se dejaría llevar por la opinión este desafortunado crítico musical.

¿Merecen tales joyas llevar un librito adjunto con las opiniones de críticos musicales, mediocres y músicos frustrados? Se hace necesario explicar al lector de estas líneas que el Rachmaninoff que podemos escuchar en las salas actuales tocado por pianistas desconocidos, usualmente es un Rachmaninoff amanerado y Chopiniano, que se deja llevar por influjos románticos de tipo "Zimerman", y que no contiene ni la mitad de equilibrio y talento que las grabaciones del propio Rachmaninoff.

Por citar más ejemplos, hace un tiempo, escuchando los conciertos del concurso Paloma O'Shea en RTVE, oí decir estas palabras -más o menos textuales- a uno de los comentaristas: "Así es como hay que llegar a ser un gran pianista, tocando siempre justo, no dando una sola nota al lado en 80 minutos que dura un concierto para piano y orquesta, esta es la muestra de un joven que triunfará".

¡¡Pobre Cortot, Arrau, Kempff o Backhaus!! ¡Pianistas mediocres han de parecerle al dichoso comentarista todos los anteriores!

Se me viene ahora a la memoria la anécdota que me contó una alumna de Cortot. Se trata del famoso concierto "El Emperador" (el 5º) de Beethoven, en una magnífica interpretación que hizo Cortot en un recital, en París. En la cadencia de dicho concierto, Cortot tuvo algunos fallos de memoria, y al día siguiente aparecían estas palabras en el comentario que hizo el famoso crítico musical de "Le Figaro", Bernard Gavotti: "(...) un magnífico concierto, aunque en la cadencia hemos oído un poco de todo: algunas improvisaciones del maestro, y algunas notas de la Marsellesa." Estas palabras son tan graciosas como taimadas, y más graciosa aún la contestación de Cortot: " Estos imbéciles ...".

También aquí apelo, tristemente y casi desanimado, a la conciencia crítica del buen aficionad@ que ve por la televisión o escucha los conciertos por la radio. Ya sabemos que algunas personas que no han tocado decentemente un instrumento musical en su vida son capaces de aprender a escuchar cuando un músico toca la nota correcta, o pone mal el dedo y toca otra diferente. Pero hay mucho, muchísimo, muchísimo más que esto en la música. De hecho todo los pianistas prestigiosos tocan las mismas notas en las mismas piezas, pero sin embargo hay tanta diferencia entre unos y otros, que hace que sea ridículo comentar que éste dio tres notas sucias y aquel dio cinco. No negaré que existe una corriente actual de pianistas, que existía ya en tiempos de Rubinstein y que tanto criticaba el propio Rubinstein, que tocan con los dedos, no con el corazón, lo cual facilita mucho más esa "perfección" a la que aludía nuestro crítico musical de RTVE. Y con esto no hago apología de los pianistas que se equivocan continuamente, pero observo la gran cantidad de otros aspectos, mucho más importantes, que detectan la calidad de una interpretación.

Si buscáis en internet en las tiendas de discos ON-LINE, y echáis un vistazo a los comentarios sobre los Cds, encontraréis más de una barbaridad escrita por estos críticos musicales.

Muchos, pero muchos, de estos críticos que tanto critican, no han puesto nunca un dedo en una tecla o en una cuerda. O si lo han hecho, tienen cursados unos estudios básicos que no les dan como para poder conocer profundamente las sensibles diferencias entre las burradas que escriben y la música que ahí suena. Para muchos de ellos la música es tan solo un libro de historia, lleno de anécdotas y fechas, y lleno de ideas copiadas o entremezcladas de decenas de libros que han leído sobre música.

Estos críticos a los que nos referimos son "músicos frustrados", dijéramos que son personas psicológicamente oprimidas, dignas de someterse a análisis Freudianos. Y sin embargo, muchos de ellos, conocen de memoria el número de corales que escribió Bach, o las piezas de Nielsen, e incluso son capaces de buscar relaciones supra-estructurales entre la música de Xenakis y la de Scarlatti.

Quizás éste sea uno de los principales inconvenientes de la popularización del arte, la mediocretización del mismo. No podemos negar que el arte en élites, desde siempre, se ha conservado en estado puro. Sin embargo mis ideales democráticos me obligan a pensar que esta vulgaridad es simplemente temporal, una fase más, dijéramos una parte de la cuerda Nietschiana, esa cuerda tendida entre el animal y el superhombre.

Saquen ustedes mismos las conclusiones sobre estas reflexiones, pero por favor no caigan en el error de considerar que para poder juzgar o apreciar una interpretación hay que saber solfeo, ni estudiar un libro de historia de la música. La solución al problema está en la culturización, en proveer a una sociedad de las herramientas necesarias para poder enfrentarse a un hecho musical con autoridad.

Hablando ya de mi experiencia personal, aún recuerdo, no tendría yo más de 9 años, cuando ofrecí un concierto en Ceuta, financiado por la "Sociedad de amigos de la música", y del que guardo un gratísimo recuerdo. En la mayor parte de ese concierto toqué invenciones mías. El primer comentario que oí, a través de terceras personas, fue... "¿Pero quién le habrá escrito a este chiquillo esas piezas? ¿Seguro que su padre es músico y se lo habrá escrito?" Verdaderamente me dolió, entre otras cosas porque nadie en mi familia sabe nada de música y era huérfano de padre. Al día siguiente leí la crítica que aparecía en un periódico local, donde se decía más o menos, pues no recuerdo exactamente las palabras... "(...) unos dulcísimos preludios compuestos por él mismo, que contrastaron con algunos fallos de notas en la ejecución de este jovencito que apechugó con el concierto de casi una hora (...)"

No en vano reconozco mi juventud y rebeldía hacia muchas de las cosas preestablecidas, y como músico y concertista reconozco mis resentimientos y mis limitaciones, pero dudo que por esa razón mi opinión sobre los comentaristas/críticos sea de alguna manera parcial ni corporativista. Algunos supondrán que hablar de mi propia experiencia sobre un tema quizás sea propio de anticientifismo y egocentrismo, pero reconociendo este riesgo asumido, por otra parte siempre se gana en actualidad, originalidad y personalidad de las opiniones. Se me ocurre algo gracioso, pensando en Calderón: "La vida es opinión, y las opiniones, opiniones son".

Siempre que posean los conocimientos necesarios, apelen en un primer estadio a su opinión personal, sin mediatizaciones exteriores... sean un poco egocéntricos y valoren sus propias opiniones y vivencias sobre una música, sin menospreciar al crítico musical de turno, que en muchos casos más que crítico es un semi-periodista-músico-frustrado, sin ánimo de ofender.