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Número 4º - Mayo 2000


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EL CONCIERTO DE AÑO NUEVO Y "LOS TRES DIRECTORES"

Por Angel Riego Cue

Los populares "Conciertos de Año Nuevo" que interpreta la Orquesta Filarmónica de Viena cada 1 de enero con valses y música de la familia Strauss, tuvieron hasta 1987 un director fijo, hasta que a su muerte o jubilación le sucedía otro: podemos recordar a Clemens Krauss, fundador de esta tradición en 1941; a Willi Boskovsky, concertino de la propia orquesta, que sucedió a Krauss tras su muerte, dirigió este concierto durante 25 años (1955-79) y cuyas grabaciones se siguen consultando como referencias indiscutibles; o a Lorin Maazel, que tomó el relevo a la jubilación de Boskovsky en 1980.

Sin embargo, a partir de 1987, se prefirió otro sistema, la alternancia de distintos directores cada año, todos ellos por supuesto "estrellas" actuales de la batuta, comenzando ese año por el mítico Herbert von Karajan. En los años sucesivos pudo verse a Claudio Abbado (1988, 1991), Carlos Kleiber (1989 y 1992) o Zubin Mehta (1990). Según algún crítico, esta nueva tendencia era debida a que así el disco del concierto se vendía mucho mejor que siempre con el mismo director.

Desde 1993, la situación se "estabilizó" en solamente tres nombres, un "triunvirato" de directores que guarda cierto parecido con los "Tres tenores" en el campo de la lírica, y los tres con apellido comenzando por M: Muti (1993, 1997, 2000), Mehta (además de 1990, también 1995 y 1998) y el retorno ocasional de Maazel (1994, 1996, 1999).

Semejante "baile" de directores no puede decirse que haya ayudado a que aumentara la calidad de las interpretaciones de esta música, más bien al contrario, la ha hecho disminuir. De todos los mencionados, sólo Kleiber, Karajan y, con reparos, Maazel, pueden considerarse entre los grandes intérpretes de la música de la familia Strauss, lo que parece apoyar la idea de que en la elección de director han primado las razones comerciales.

Para el próximo concierto (enero de 2001) está previsto que la orquesta cambie radicalmente de tercio e invite a Nikolaus Harnoncourt; parece oportuno entonces hacer un balance de lo que ha supuesto la época de "las tres M" en el Concierto de Año Nuevo. Nos fijarenos sobre todo en los tres últimos conciertos ofrecidos hasta la fecha, uno con cada director.


Mehta, que dirigió en 1998 (RCA 09026 63144 2), se muestra en general demasiado cuadriculado, sin pizca de "salero", como diría un castizo, y en lugar del carácter "festivo" y extravertido de estas obras nos encontramos con una exhibición de poderío orquestal que suena casi "militar". Hay que destacar como nota anecdótica que en 1998 intervinieron los Niños Cantores de Viena en "Trisch-Trasch" y en la "Polca de Anna", algo muy infrecuente, pero que ya ocurrió con Abbado en 1988; no es, pues, la primera vez, como afirma erróneamente el libreto.

Maazel dirigió en 1999 (RCA 74321 61687 2) un concierto dedicado al centenario de la muerte del miembro más célebre de la dinastía, Johann Strauss (hijo). Eso hizo que el programa fuera prácticamente monográfico de este autor, y no incluyera otros nombres como Josef o Eduard Strauss, Suppé o Ziehrer. Sólo Johann padre aparece con tres piezas, una de ellas por supuesto la "Marcha Radetzky". De todos los conciertos de los últimos años, es el único que incluye gran número de piezas conocidas (la mitad del disco); faltaría el "Vals del Emperador", que incluyó el propio Maazel en 1996 (RCA 09026 68421 2), en un concierto con gran número de piezas infrecuentes. Sería el de 1999 por tanto, en cuanto a programa, el único de estos últimos años que se podría recomendar para iniciarse en esta música.

Otra cosa son los resultados: Maazel acierta con el espíritu "festivo" de estas obras, y con él la orquesta suena con "señorío"
y dominio del estilo; sin embargo, me parece que en 1999 no llegó a repetir el nivel del concierto de 1996 (el mejor del último lustro, sin duda), y en algunas obras peca de algo ruidoso, como los "Cuentos de los Bosques de Viena". Mejor, en general, las polcas rápidas, como "Trisch-Trasch" o "Bajo truenos y relámpagos", posiblemente en ellas sea el mejor después de Kleiber (No tiene la gama de matices que consigue este dentro de su electrizante sonido, pero ya se sabe: Kleiber sólo hay uno). En "Bajo truenos...", si bien no superó a Kleiber en el aspecto musical, el espectáculo visual que se nos ofreció en su día por TV sí fue memorable.


En cuanto a inclusión de obras infrecuentes o rarezas, en 1997 (EMI 7243 56336 2 0) Riccardo Muti ganó incluso al Maazel del año anterior, pero ese es prácticamente el único interés de su actuación, pues su estilo sutil, tímido, con un sonido muy "delgado" de la orquesta se adapta mal al carácter festivo y alegre de esta música. Puede anotarse una de las versiones más anodinas que conozco de la "Marcha Radetzky".

En su retorno al podio en el 2000 (EMI 7243 5 67323 2 2), el número de piezas infrecuentes ha bajado, con lo que el concierto es aún de menor interés, con momentos especialmente mustios, como la "Eljen a Magyar". Muti es aún aceptable en los momentos más sutiles o sofisticados de los valses (comienzo de "Die Libelle", por ejemplo), aunque las partes "bailables" le queden demasiado lánguidas (como en "Vino, mujeres y canciones", donde no obstante la parte "sinfónica" queda más lograda).

Señalemos por último que a partir de 1996 con Maazel comenzó la costumbre de publicar el concierto completo en 2 discos, en vez de eliminar una o dos piezas para que entrara en un solo disco, costumbre que se ha mantenido este último lustro con la única excepción del propio Maazel en 1999. Hasta entonces sólo conocíamos que se hubieran publicado completos el de la despedida de Boskovsky en 1979 y el de Kleiber en 1989.