Revista mensual de publicación en Internet
Número 38º - Marzo 2.003


Secciones: 

Portada
Archivo
Editorial
Quiénes somos
Entrevistas
Artículos
Crítica discos
Bandas sonoras
Conciertos
El lector opina
Web del mes
Tablón anuncios
Suscribir
Buscar
 

 

EL ARTE DE LAS VIOLAS

Por Ignacio Deleyto Alcalá. Lee su Curriculum.

 


 

Como es conocido, Bach murió antes de llegar a completar El Arte de la Fuga, una obra laberíntica y severa que trata de ejemplificar las múltiples posibilidades musicales de la fuga. En realidad, estas excursiones creativas monotemáticas no eran nada nuevo en el compositor de Eisenach. En su haber tenía ya varios ejemplos basados en la explotación musical de un material concreto: las variaciones sobre un tema en la Variaciones Goldberg, la búsqueda de los recursos tonales en el Clave Bien Temperado o la exhaustiva manipulación de un tema en La Ofrenda Musical

En su última gran creación, la fuga fue el objetivo unificador. Brevemente, la fuga es una forma musical contrapuntística (combinación de líneas musicales) de carácter imitativo basada en el desarrollo de un único tema. Un tema musical da comienzo en una voz (un instrumento o grupo de instrumentos) y una vez completado, otra voz lo repite desde el comienzo como persiguiendo a la primera que para entonces ya ha empezado a desarrollar el tema base; luego, otras voces se unen e imitan a las primeras y así sucesivamente. En El Arte de la Fuga Bach empleó un mismo tema (o sujeto) para todas las fugas, denominadas contrapuncti, e hizo una demostración sistemática, casi aritmética, de todas las combinaciones posibles. La forma musical permanecerá para siempre ligada a Bach, incluso para referirse a él en tono jocoso. 

El nombre de la obra no es original de Bach sino que parece haber sido puesto por Johann Christoph Altnikol, su yerno, que lo estampó en el manuscrito. Bach no especificó ni el orden de las fugas, ni la instrumentación a utilizar, lo cual ha dado pie a un sinfín de combinaciones que, por lo general, no han hecho sino enriquecer y aumentar la fama de la obra. Es muy posible que Bach tuviera el clave en mente aunque otras opciones no son descartables. Hoy día podemos escuchar la obra en versión para clave, órgano, piano, cuarteto de cuerda y también para familias de instrumentos: conjunto de flautas, saxofones, etc, hasta llegar a orquestas de cámara o sinfónicas. 

En una obra tan grabada se hace necesaria la discriminación a la hora de recomendar versiones. Quizás lo mejor sea tener dos o tres versiones que cubran, al menos en parte, el espectro interpretativo posible. Para clave nos fijaremos en la segunda versión de Gustav Leonhardt con la colaboración de Bob van Asperen en las fugas en espejo (DHM, 1969). En su lectura destacan el rigor estilístico y la humanidad, que no siempre aparece en el Bach del holandés, además de usar un instrumento de bello sonido. Gustav Leonhardt en un sesudo ensayo plantea y defiende su propia ordenación de la obra: primero, todos los contrapuncti y luego, los cuatro cánones. Como Kenneth Gilbert (Archiv, 1989) omite la última fuga por no considerarla parte del plan de la obra. Razones musicológicas aparte, el aficionado se queda sin uno de los momentos más emocionantes de toda la partitura.

Una versión importante para órgano es la llevada al disco por el organista ciego alemán, Helmut Walcha (Archiv, 1956), hoy día no todo lo considerado que se merece, en una lectura donde la arquitectura musical, tan importante en Bach, destaca por encima de todo dentro de una concepción estrictamente luterana (aun sin ser una obra religiosa). Como dato curioso diremos que fue la primera grabación en estéreo de la Deutsche Grammophon. Finalmente, recomendaremos la firmada por Reinhard Goebel y Musica Antiqua Köln (Archiv, 1984) en la que enfrenta dos claves a un conjunto de cuerdas (dos violines, dos violas y violonchelo), aportando variedad y vitalidad, riqueza expresiva, claridad de texturas aunque se pierda el carácter unificador de la obra, algo que el propio Goebel reconoce y defiende bastante convincentemente en las notas a la edición original. De querer una única versión de la obra, la del controvertido Goebel sería, sin duda, nuestra elección.

Ahora nos llega una nueva a cargo de Fretwork, conjunto inglés de violas que presenta una grabación completa basada en parte en la edición de H.T. David publicada en Leipzig en 1928. Para empezar, hay que decir que en tiempos de Bach el “consort of viols”, que había florecido en los siglos XVI y XVII, estaba ya en desuso por lo que está lejos de ser una interpretación consecuente con la época de Bach. De todos modos, visto el amplio abanico de posibilidades interpretativas este anacronismo no parece revestir particular relevancia. 

Fretwork es uno de los conjuntos de violas más importantes y de mayor prestigio del mundo. En una primera escucha saltan a la vista tanto su virtuosismo como el perfecto equilibrio entre las seis voces. Otras características de su interpretación son una serenidad y placidez que no sientan mal a la obra y una claridad de líneas no siempre fácil de conseguir en los conjuntos de violas. Un buen ejemplo es el “Contrapunctus 5” donde la interpretación nos hace viajar cien años atrás en el tiempo recordándonos el esplendor de la música para violas. Sin embargo, expresivamente se quedan algo cortos como, por ejemplo, en el conocido “Canon alla duodécima in contrapunto alla quinta”, donde se echa en falta una mayor garra. 

A veces dicha placidez desaparece como en el “Contrapunctus 11 a 4”, e incluso en el último tramo de la obra, su lectura se impregna de un cierto magnetismo y brío como en el danzarín “Contrapunctus 13”. Recordemos que Jordi Savall también grabó la obra con una base de violas aunque añadió instrumentos de viento (Astrée, 1986 & Alia Vox). Aquí Savall ofrece una mayor gama dinámica y un sonido menos refinado.

La imponente fuga final es sensacional. El comienzo es de gran belleza por el aterciopelado sonido de las violas que progresivamente va aumentando el sonido, engordándolo y estirándolo, en unas frases expresivas y llenas de colorido, hasta que la música se interrumpe repentinamente en una especie de abortado clímax, muy bien realizado en esta versión. Tradicionalmente la obra se cerraba con el coral que Bach se supone compusiera en su lecho de muerte, Ante tu Trono me presento. También existen varios ediciones que completan la fuga para evitar la brusquedad del inconcluso cierre. Últimamente la tendencia es dejar las cosas como las dejó Bach y así hace Fretwork en esta versión. No cabe duda que la imagen de la música súbitamente interrumpida por la muerte del compositor, aunque fantasiosa en esencia, encierra un atractivo que pocos arreglos pueden superar. 

En definitiva, se puede decir que la versión de Fretwork resulta algo blanda, poco contrastada, aunque barnizada por el elegante sonido de las violas. Aquellos interesados en el mundo de la viola antigua, querrán conocer esta versión de bellas líneas que, sin el poder envolvente de otras, se convierte en aceptable alternativa a las versiones para teclado.

REFERENCIAS:

BACH, J. S.: Die Kunst der Fugue, BWV 1080. Fretwork: Richard Campbell, Julia Hodgson, Wendy Gillespie, William Hunt, Susanna Pell y Richard Boothby, violas. HMU 907296.

Página web: www.harmoniamundi.com